
Desde botellas de bebidas hasta latas de leche en polvo infantil, pasando por envases de cuidado personal y cubos de pintura industrial, el etiquetado en molde (IML) se ha expandido rápidamente gracias a que resuelve de raíz los problemas del etiquetado tradicional (bordes despegados, pelado y amarilleo), logrando un acabado de alta calidad con la rentabilidad de la producción en masa:
Impermeable y A Prueba de Humedad: La etiqueta queda envuelta por la capa plástica y no se despega ni corre la tinta al sumergirse en agua, ideal para productos de lavado y bebidas.
Resistente al Desgaste y Arañazos: La protección superficial bloquea el roce externo, manteniendo la nitidez gráfica durante el transporte y uso diario.
Tolerancia Extrema: Soporta temperaturas desde -40 °C hasta 120 °C, adaptándose tanto a la refrigeración de lácteos como a la esterilización térmica de alimentos.
Fusión Perfecta: La etiqueta y el contenedor no muestran bordes visibles ni burbujas, ofreciendo un acabado tan limpio y sofisticado como la impresión directa.
Diseño Flexible: Permite cobertura total o parcial, combinable con estampado en caliente, barniz UV y otros acabados para lograr brillos metálicos o efectos con relieve.
Seguridad de Grado Alimentario: Elimina el uso de adhesivos químicos y el riesgo de residuos, cumpliendo con las normas de contacto directo con alimentos y productos materno-infantiles.
Reciclaje Monomaterial: La etiqueta y el envase utilizan la misma resina (p. ej., PP), permitiendo triturar y reciclar el producto directamente sin retirar la etiqueta.
Ahorro de Operaciones: Integra el moldeo y etiquetado en un solo paso, reduciendo costos de maquinaria secundaria, mano de obra y espacio en planta.
Control de Mermas: Evita desalineaciones o burbujas habituales del etiquetado convencional, manteniendo la tasa de defectos en producción masiva por debajo del 0.5%.


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